Yangon, la antigua capital

No recuerdo que hora era, pero era muy de noche cuando llegamos a la estación de autobuses de Yangón. La estación estaba a veinte kilómetros de la ciudad y estábamos medio dormidos y despistados, el día estaba siendo muy largo después de visitar la Roca Dorada. La estación de autobuses era inmensa, más que una estación era un descampado gigante y sin iluminación , mirases a donde mirases había filas y filas de autobuses y ninguna casetilla o recepción o taquilla o algo a la vista.

        Así que nos bajamos del autobús y nos pusimos a negociar un taxi, prácticamente nos podía pedir lo que quisiera porque no teníamos otra forma de llegar a nuestro alojamiento. Nos pidió 24.000 Kyats (17€) una burrada. Intentamos negociar el precio pero no se bajaba de la burra. Después de un rato allí, nos dimos cuenta que teníamos que pasar por el aro. Cuando fuimos al taxi, el no era el conductor, sino un amigo suyo. ¡Era un intermediario!

        Por fin llegamos a la calle de nuestro guesthouse, allí nos bajamos, pero no aparecía por ningún lado, aunque el móvil nos decía que estábamos en la puerta. El comisionista se bajó del coche y empezó a mirar, se asomó por una puerta y nos indicó que allí era, nos señaló la segunda planta, ahhhhhhhh, la recepción está en la segunda planta.

        En el GH todo bien, preguntamos al dueño donde comer algo y nos dijo que a esa hora todo estaba cerrado pero que había una tienda 24 horas donde podíamos comprar algo. Hicimos el checkin y nos fuimos para la tienda, compramos un par de sandwiches de queso cada uno y unas galletillas. Volvimos a nuestra habitación a comernos los bocatas pero el queso solo se lo habían enseñado, prácticamente era un sandwich de nada, aún así nos los comimos, teníamos mucha hambre.

          A la mañana siguiente, desayunamos en el GH un huevo frito, dos tostadas de pan de molde, mantequilla, mermelada y un café y nos dispusimos a darle una oportunidad a esta ciudad que muchos viajeros odian y terminan saliendo por patas.

        Salimos de GH y nos dirigimos a la Sule Pagoda, una pagoda muy famosa que hace las veces de rotonda. Le dimos una vuelta por fuera y como no parecía gran cosa decidimos no entrar. La Sule Pagoda marca la entrada a lo que podemos llamar el casco antiguo, allí se encuentran los barrios chino, musulmán e indio todos juntos pero no revueltos.

Yangón, Myanmar

Sule pagoda

        Primero fuimos al barrio musulmán, visitamos un par de mezquitas y nos dimos cuenta que la mayoría de los locales se reúnen en las teterias. Buscamos una que tuviera ambiente y nos sentamos en una mesa. Vino el camarero y pedimos dos tés, sin saber muy bien que nos iba a traer. Allí nos plantó dos tazas de te, tenían un color parecido al café con leche. Lo probamos y….. nos acabábamos de convertir en adictos al te de Myanmar. Un señor que estaba en la mesa de al lado, después de preguntarnos de donde éramos y esas cosillas, nos dijo que estábamos bebiendo “Mami Tea”. Nos quedamos con la copla para pedirlo la siguiente ocasión.

Yangón, Myanmar

Mezquita en el barrio musulman

Yangón, Myanmar

Primera tetería en Yangón

      En el camino nos pudimos fijar en la población, se notaba cierta mezcla con India, también culpa de la época colonial inglesa, de hecho está más cerca de ser India que  Sudeste Asiático. Lo íbamos comentando Ada y yo “esto parece India”, eso sí, todos con sus longis tradicionales, que son unos trozos de tela de diferentes colores y dibujos que se anudan a la cintura y quedan como una falda. Lo visten tanto hombre como mujeres. Lo habíamos visto en las zonas rurales, pero pensábamos que en las ciudades se habría impuesto la moda occidental, nada más lejos de la realidad.

Yangón, Myanmar

Una calle de Yangón

        La mayoría de los hombres y algunas mujeres tienen los dientes muy rojos, como si tuvieran sangre, esto se debe a que les gusta mascar betel, que es una nuez mezclada con tabaco y envuelta en una hoja de palma de betel, así que vas pasando por la calle y vas viendo escupitajos rojos por todas partes.

        Después nos pasamos al barrio chino donde había un mercado gigantesco en una especie de entresuelo,  nos metimos a ver que se cocía. Allí se vendía de todo, especias, perfumes, medicinas, ropa,…..pero no había productos frescos. Todos nos miraban y nos saludaban, pero parecía que no les cuadraba mucho que estuviéramos allí, “¿Qué harán estos dos aquí?”.

Yangón, Myanmar

Mercado interior

       Cuando salimos del mercado buscamos un sitio para comer, en un puesto callejero vimos a un par de abuelas preparando comida, el puesto no era muy higiénico,cacharros por todos lados, ninguna nevera a la vista… pero las dos señoras eran encantadoras. Allí nos sentamos, estaban contentísimas de que dos extranjeros se hubieran sentado en su puesto. Ada pidió pollo con verduras y yo un salteado con filetillos de cerdo, todo buenísimo y baratísimo. Nos despedimos de las simpáticas abuelas y seguimos nuestro camino.

Yangón, Myanmar

Puesto de comida en la calle

       En otra calle dimos con el mercado de productos frescos, ahí sí que había, carne, pescado, huevos, verduras, fruta, etc. Lo que más nos llamó la atención es que muchas mujeres tenían los productos justo en el centro de la carretera, así cuando venía un coche podía pasar por encima. Estos myanmareños no dejaban de sorprendernos.

Yangón, Myanmar

Mercado fresco en la calle

Yangón, Myanmar

Mercado en la calle

Yangón, Myanmar

Yangón, Myanmar

Mercado en la calle

       Luego dimos con un mercado de ropa y menaje del hogar, donde Ada se compró un par de longis, la dependienta intentó que me llevará alguno para mi pero yo no me veía con falda. Aproveché para comprarme una taza de lata y el dependiente nos regaló una cuchara, que nos ha sido muy útil a lo largo del viaje. Hemos vivido en nuestras carnes eso de “Más apañao que un jarrillo lata”, ahora entendemos totalmente la expresión.

        Callejeando sin rumbo por esa parte de la ciudad, fue pasando el día, paramos en otra teteria para asimilar todo lo que estábamos viendo. Nos estaba encantando Yangón, es cierto que es un poco caótica, pero si logras mimetizarte en ese barullo de gente y te dejas llevar, es una ciudad alucinante con mucha vida y si rascas un poquito más, descubres los rincones más tranquilos,  donde ellos se reúnen a tomar una cerveza, a tomar un te mientras juegan al ajedrez o simplemente a charlar mientras mascan betel. Volvimos a pedir un “Mami Tea”, el camarero nos miró extrañado como que no nos entendía muy bien y al rato dijo “Ahhhhh Myanmar Tea”, “eso, eso” dijimos entre risas. Parece que al señor de la primera tetería no lo habíamos entendido bien. Nos tomamos ese exquisito te, el tercero del día y volvimos al GH.

        Justo la lado del GH había una casetilla con un puesto de costura, Ada les bajó un par de pantalones para que se los remendasen, cosa que hicieron en un momentillo. También quería que le hicieran algún apaño en los longis que se había comprado para que le fuera más fácil sujetárselo, la mujer cogió uno que tenía terminado y se lo enseño a Ada, era justo lo que necesitaba. Nos dijo que nos pasáramos al día siguiente para recogerlos.

Yangón, Myanmar

Costurera arreglando Longis Ada

        Al día siguiente era fiesta nacional, Myanmar celebraba el aniversario de su independencia de Inglaterra. Preguntamos al dueño del GH si había algún desfile o algo programado y nos dijo que no.

         Así que decidimos ir a ver lo que todo el mundo viene a ver. La Pagoda Shwedagon. en principio pensamos en ir andando. Cuando íbamos de camino, nos dimos cuenta de que estaba demasiado lejos, así que decidimos coger un autobús. Los autobuses tienen al conductor y a un ayudante, este se encarga a parte de cobrarte, engancharse de la puerta y vocear el destino. Teniamos un folleto con la foto de la pagoda, que utilizabamos para preguntar al ayudante si su bus iba hacia alli. Asi nos enteramos de que estábamos en el sentido equivocado. Cruzamos la calle y utilizamos la misma técnica hasta que uno de los voceros nos dijo: OK. Estando en el bus, un señor se nos acercó, miró la foto de la pagoda y nos dijo que ese no era el bus correcto.  Se ofreció a acompañarnos. Nos bajamos en la parada que él nos dijo y se espero con nosotros hasta que paso nuestro bus. Que hombre más amable.

         Por fin estábamos en el bus correcto, la Sule pagoda es muy parecida a la Shwedagon y el ayudante al ver el folleto de lejos se habia confundido. Ibamos mirando el móvil para ver dónde nos teníamos que bajar exactamente, en eso se acercó una mujer y nos preguntó si íbamos a la pagoda, le dijimos que sí, entonces nos dijo que ella también iba y que nos acompañaría hasta la puerta. ¡Esta gente son geniales!.

        Llegamos a la puerta y se despidió de nosotros, los extranjeros van por otra entrada donde tienes que pagar. Dejamos los zapatos en una estantería y nos colocaron una pegatina en la camiseta que decía Puerta Este. Parece ser que ahí tantas entradas y salidas que la gente olvida por donde ha entrado y por tanto no encuentra sus zapatos. Nos pareció una buena idea.

        Cogimos un ascensor y aparecimos en frente de la imponente pagoda. Era mucho más grande de lo que habíamos imaginado, además estaba rodeada de pequeños templos. Creando un complejo religioso inmenso.

Shrewon Pagoda, Yangón, Myanmar

Shrewon Pagoda

Shrewon Pagoda, Yangón, Myanmar

Pagoda y algunos templos del complejo

Shrewon Pagoda, Yangón, Myanmar

Dando vueltas a Shrewon pagoda

          Al ser festivo, la pagoda estaba llena de gente. Al igual que ocurre con la Roca Dorada, la gente viene con sus familias a pasar el día. Para ellos es un lugar sagrado y la forma de rezar es darle vueltas a la pagoda. Así que nos unimos a ellos y fuimos dándole la vuelta a la pagoda, deteniéndonos en los diferentes templos budistas que había alrededor.

        El complejo es impresionante y esconde pequeñas joyas que hacen de complementos perfectos de la gran pagoda. Aunque para joyas las que tiene la pagoda que además de estar recubierta de oro, en la parte de arriba tiene 5,448 diamantes y 2,317 rubíes, y en la punta un diamante de 76 caras y 15 gramos. ¡¡¡Qué barbaridad!!!.

        Luego nos sentamos en el suelo junto a ellos y nos dedicamos a observar como los devotos birmanos le daban vueltas a la pagoda. A ellos les gustaba que estuviéramos allí, se sentaban con nosotros a hacerse fotos, algunos se nos acercaban y nos hablaban en birmano, pero claro no entendíamos nada.

        Después de disfrutar de este magnifico monumento, salimos por nuestra puerta para recuperar nuestros zapatos. Nosotros habíamos entrado por una puerta que daba a un ascensor, a la salida, nos recomendaron que viésemos las puertas que daban acceso a las escaleras que subían a la pagoda, así que bordeamos un poco la pagoda y fuimos a parar a unas enormes escaleras cubiertas, con un montón de puestos de suvenires a los lados. Cuando llegamos a la puerta esta era impresionante, flanqueada por dos enormes chinthe gigantes (leones míticos).

Yangón, Myanmar

Escaleras acceso a pagoda

Yangón, Myanmar

Puerta con chinthe gigantes

        Desde la puerta se veía una gran avenida llena de gentes y puestos, así que decidimos bajar por esa calle. Por lo visto, en esta fiesta nacional se realizan multitud de juegos en la calle, sobre todo orientado a los niños, así había partidos de futbol con porterías pequeñas, niños jugando al pañuelo, otros intentando subir por un palo untado en grasa…  todas las calles estaban ocupadas por niños y no tan niños jugando a algo.

Yangon, Myanmar

Vista calle desde la puerta pagoda

       Estuvimos bastantes entretenidos paseando por esas calles, viendo a los niños jugando, hasta que salimos de esa zona. El GH estaba bastante lejos pero decidimos volver andando para así ver otra parte de la ciudad. Así pasamos por un grandioso parque con un gran lago y con unas pasarelas de madera para pasear.

Yangon, Myanmar

Parque con pasarelas y lagos

         Atravesamos el parque para llegar a la zona del estadio, suponemos que los día de partido la zona estará más animada, luego llegamos a la antigua e histórica estación de trenes, para luego perdernos por barrios y avenidas.

Yangón, Myanmar

Estación trenes Yangón

       Después de descansar un rato en el GH, salimos a cenar, buscando un restaurante que habíamos leído en algún lado, nos encontramos con otro que tenía las mesas repletas de gente, jarras de cerveza y raciones abundantes de comida. Por suerte había una mesa para los dos en la terraza y allí disfrutamos de una magnífica y barata cena.

       Ya habíamos decidido que al día siguiente nos iríamos en el autobús nocturno hacía Bagan, la gran joya de Myanmar. Por la mañana dimos un largo paseo hasta la oficina de correos para intentar mandar el móvil de Ada a España. Cosa que no conseguimos porque está prohibido mandar aparatos electricos por correo. Volvimos al GH y recogimos los longis de Ada.

Yangon, Myanmar

Ada probandose el longi

         La tarde la pasamos en la pensión, escribiendo un poco y esperando que diera la hora para coger el autobús.

3 pensamientos sobre “Yangon, la antigua capital

  1. Nuria

    ¡Dos días superaprovechados!….las fotos preciosas….buena elección el restaurante “Las Abuelas”…. el Mami Tea….¡muy ingeniosos los puestos en el centro de la carretera!…¡que gente tan amable! . ….Esta vez las musas ha sido muy generosas….EXCELENTE RELATO…

  2. Pilar Sanchez

    Viendo tus fotos y comentarios me parece estar viajando yo también. Besitos y cuidaros mucho.

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