Vigan

        Vigan es un pueblo en el noroeste de la isla de Lunzón, al norte de Manila, que tiene un centro histórico bastante bien conservado de la época colonial española. A los habitantes de Vigan se les conoce como mestizos por su relación con los españoles. Nos pareció un lugar ideal para conocer un poco más de la historia de Filipinas y su relación con España.

        Tras pasar la noche en el autobús, llegamos a las cinco de la mañana a Vigan, con la esperanza de encontrarnos con otra Filipinas que nada tuviera que ver con Manila. Ya nos empezábamos a dar cuenta que los desplazamientos por Filipinas iban a ser lentos y tediosos.

        Decidimos esperar a que amaneciera para empezar a buscar un alojamiento, nos pedimos un café en un quiosco de la estación y nos sentamos a esperar. Justo al lado de la estación había un hotel, miramos en internet y no lo ponían muy bien, además era algo caro. Se nos acercó un hombre que estaba también tomando café y nos dijo que teníamos que buscar una pensión, porque en los hoteles el check-in es a partir de las 14:00, sin embargo, las pensiones son 24 horas. Casualmente él conocía una y casualmente él tenía un triciclo para llevarnos. Siempre desconfiamos de esas casualidades. Cuando por fin amaneció le dijimos que nos llevará a un hostal muy céntrico que habíamos visto en la guía. Sin ningún problema y sin intentar vendernos la otra pensión, nos llevó, pero estaba lleno. Así que resignados, le dijimos que nos llevara a donde él decía.

        Así llegamos a la pensión, salió una señora y le preguntamos si tenía habitación libre, nos dijo que si y nos enseñó una habitación, bastante correcta, con aire acondicionado pero sin agua caliente. Preguntamos el precio, 1500 pesos (30 euros) una barbaridad. Por ese precio me iba a un hotel con agua caliente, le dijimos que más de 1000 no pagábamos, bajo hasta 1200 y le dijimos que no, 1000 o nada. Al final aceptó. La pensión estaba un poco apartada del centro pero como el pueblo no parecía muy grande no nos importó.

        Soltamos la mochilas, eran las seis y media de la mañana y teníamos mucha hambre. Preguntamos a la señora donde podíamos desayunar y nos dijo que en el pueblo había muchas cosas abiertas a esa hora. Tras un paseo de cinco minutos llegamos a la plaza del pueblo, todavía no habíamos visto nada abierto. Al lado de la plaza había unos puestos que estaban empezando a abrir. En uno de ellos desayunamos unos noodles y un café por 50 pesos (1€). En todos los puestos había grandes ollas hirviendo, parecían pucheros. A Ada le invitaron a una sopa, y a día de hoy cada vez que tomamos una sopa se acuerda de ese caldo que le pusieron en un puesto callejero de Vigan.

        Justo cuando nos disponíamos a iniciar nuestra visita, empezó a sonar música, nos asomamos a la calle de donde provenía la música. Era un entierro con su orquesta, dos carros de caballos, uno con el féretro y otro con las coronas y detrás agarrados a una cuerda, los familiares. Se dirigían hacía la iglesia del pueblo como nosotros. Nos hubiera gustado hacer alguna foto, pero no nos pareció oportuno. Dejamos que pasara la comitiva y entramos en la iglesia por una puerta lateral.

        La iglesia no era nada del otro mundo aparte de parecer muy antigua, lo que más no llamó la atención fue un cartel en el que se  prohibía jugar a Pokemon Go dentro de la iglesia. Salimos por la puerta principal y vimos una placa que decía que la catedral era del mil quinientos y pico. La fachada era bastante más bonita que el interior pero sin ser nada del otro mundo.

Vigan, Lunzón, Filipinashdr

Vigan, Lunzón, Filipinas

No jugar a Pokemon Go

        Luego pasamos a otra plaza que tenia una gran fuente con un montón de pitorros, supusimos que se celebraría algún espectáculo de agua.

        Decidimos volver a la estación de autobuses para saber a que hora salían los autobuses a Pagudpud, nuestro próximo destino, no lo sabían, nos dieron dos números de teléfono para que llamáramos al día siguiente. Parece ser que ese autobús no sale todos los días. Justo al lado de la estación, estaba el  mercado municipal, un edificio de dos plantas que necesitaba una mano de pintura. Paseamos entre puestos de verduras, carne, ropa….hasta que nos encontramos con una panadería, nos comimos un par de rosquillas que estaban exquisitas y nos fuimos en busca de la oficina de turismo.

        En la oficina de turismo, nos atendieron muy amablemente, nos dieron un plano del pueblo con todas las cosas que podíamos ver y nos confirmaron que a las 19:30 había un espectáculo de agua, luces y música en la fuente que habíamos visto antes.

        El gran atractivo de Vigan son las cuatro o cinco calles del centro que son de la época colonial española. Dimos una vuelta por esas calles, era bastante bonito, aunque un poco de  restauración no vendría mal. Había un par de casas convertidas en museo, entramos en una de ellas que estaba relacionada con una mujer que heredó la casa y se casó con el presidente de Filipinas o algún cargo importante de la Filipinas de finales del sigo XIX.

Vigan, Lunzón, Filipinas

Calle Crisoldo de día

        Decidimos ir a la pensión para dormir un rato, la noche en el autobús no había sido muy cómoda y estábamos muy cansados. De camino nos encontramos con una pequeña iglesia con un cementerio anexo. Casi todas la tumbas tenían nombres españoles, cosa que han heredado. Incluso había algunas lápidas de principio de siglo XX que estaban escritas en español.

        Después de descansar, volvimos al centro histórico y entramos en otra casa museo de algún cargo importante de la España colonial. Estaba mejor que la anterior, más orientada a entender como se vivía en esas grandes mansiones. Durante la visita nos encontramos con un guía que nos explicó bastantes detalles de la casa. El guía elevó considerablemente el nivel de la visita y salimos encantadísimos.

        Justo al salir de la casa-museo vimos en una pequeña calle un cartel de un bar que anunciaba las famosas empanadas de Vigan, otra herencia española. Allí que nos fuimos, al entrar vimos como estaban preparando las empanadas rodillo en mano. En una pared estaba pintada la lista de empanadas, preguntamos a una chica cual era la más famosa y haciéndole caso pedimos la de longaniza y la de ternera. Eran bastante grandes y estaban muy buenas, sobre todo la de ternera.

Vigan, Lunzón, Filipinas

Empanada Carne

        Esta nueva Filipinas nos estaba encantando, la gente era muy simpática, te saludan por la calle y tienen siempre una sonrisa para regalarte. Además son muy habladores y siempre te preguntan de donde eres, si estábamos casados, cuantos hijos teníamos….

        Miramos en el mapa que nos habían dado a ver que nos faltaba por ver, en una esquina del mismo había dibujada una torre. Estaba algo apartada pero decidimos ir dando un paseo para ver la parte menos turística de la ciudad. Por fin llegamos a la torre, que era una especie de campanario de ladrillo visto y que nos recordaba a los templos de Bagan. Nos hicimos unas cuantas fotos y salimos de allí. Había llegado la hora de la cerveza.

Vigan, Lunzón, Filipinas

Torre del campanario

        Volvimos a la plaza del pueblo y nos sentamos en un bar que tenían las mesas en la calle con una gran parrilla. Pedimos unas San Miguel que no se si será de la San Miguel de España o es que en Filipinas también tienen una cerveza con el mismo nombre. Echamos un vistazo a la carta y decidimos cenar allí después de ver el espectáculo de la fuente.

        A las 19:20 llegamos a la fuente, estaba a tope de gente, todas las gradas estaban llenas aunque encontramos un hueco entre una familia local y allí nos colocamos. El show fue muy chulo y duró bastante. Sobre todo el colofón final en el que parece que ponen la fuente a toda potencia y se muestra imponente, se escuchó un gran Ooooo. Nada que envidiar al que habíamos visto en Singapur.

Vigan, Lunzón, Filipinas

Espectáculo de luces en la fuente

        La parrilla nos estaba esperando, cogimos la última mesa que quedaba, pedimos un par de cervezas y la carta. No sabíamos que pedir y nos dejamos guiar por el camarero, uno de los platos que pedimos fue Poki Poki, una especie de pisto a base de berenjena picada, cebolla y trozos de tomate. Madre mía, ¡qué cosa más buena!.

        Camino del hotel volvimos por la calle Crisoldo, la más famosa y mejor conservada del casco histórico. Nos habían recomendado en la oficina de turismo que la viésemos por la noche con la iluminación de las farolas. La iluminación tenue de las farolas le daba un ambiente muy especial a la calle, la recorrimos despacio para saborearla bien y volvimos a la pensión.

Vigan, Lunzón, Filipinas

Calle Crisoldo de noche I

Vigan, Lunzón, Filipinas

Calle Crisoldo de noche II

Vigan, Lunzón, Filipinas

Calle Crisoldo de noche III

        Había sido un día largo e interesante, al día siguiente nos íbamos de Vigan (si es que por fin había autobús), pensando que había sido un acierto venir. Por la mañana lo primero que hicimos fue volver a la estación de autobuses a confirmar que había bus hacía Pagudpud y sí había, salía de dos a dos y media. Nos fuimos al mercado a desayunar, nos compramos un par de cafés y nos compramos unos cuantas rosquillas en la panadería del mercado y allí como si fueran magdalenas mojándolas en el café, apoyados en un muro frente al mostrador, desayunamos.

        Entre una cosa y otra nos dio la hora de irnos, volvimos a la pensión, cogimos las mochilas, nos despedimos de la familia y paramos un triciclo para ir a la estación. Cuando llegamos a la estación nos dijeron que el bus se estaba retrasando y que saldría a las tres o tres y media.

         Siempre pensamos que las cosas pasan por algo, me explico: resignados, nos sentamos allí a esperar, saqué el móvil para entretenerme, pero y mi móvil donde está mi móvil, miré en la mochila en todos los bolsillos, no podía ser, me lo había dejado en la habitación. Salí corriendo a coger un triciclo que me preguntó a donde quería ir, no os lo vais a creer pero no me sabía el nombre ´de la pensión. Le expliqué que estaba en el barrio de San Julián Sur (o al menos había un arco que daba la bienvenida al barrio). El triciclero dijo, San Julián, ok. Llegamos a la pensión y allí estaba la señora con mi móvil y mi cargador, intentando explicarme que quería llamarme pero no sabía como (era imposible que lo supiera). Volví a la estación aliviado y me senté con Ada a esperar nuestro bus. Si el bus hubiera salido a su hora habría perdido el móvil o por lo menos me habría sido muy complicado recuperarlo. Ya van varias veces en el viaje que hemos tenido algún contratiempo que se ha terminado convirtiendo en una ventaja.

Vigan, Lunzón, Filipinas

Triciclos en Vigan

2 pensamientos sobre “Vigan

  1. Nuria

    ¡Qué bien que Filipinas se está enmendando! …el PokiPok ¡riquísimo!.i..las empanadas….¡la gente que siempre regala sonrisas!…y como colofón: lo providencial del móvil…¡increíble!..el ritmo del relato nos engancha y transporta….mil gracias por el esfuerzo de compartirlo…esperamos con ilusión la próxima entrega…

  2. José Martín

    Como siempre muy interesante. La narración cronológica hace que parezca una novela e invita a imaginar lo que estáis viviendo. Alguien os dijo antes de salir de viaje: “Vividlo un poco por todos nosotros” y esta narración es la manera que tenemos para conseguir vivirlo con vosotros. Muchas gracias por compartirlo

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