Treking en Chang Rai

        Llevábamos unos días en Chang Mai, donde se nos unió Sara, y no sabíamos muy bien que hacer los siguientes días. Que si un curso de cocina, que si un treking por la zona, que si ir a Pai, que si plantación de té, que si ir a ver talleres de artesanía…. Ningún plan contentaba a todos, así que sugerí hacer trekking por la selva. Yo había visto en la web de MundoNomada (agencia turística española con sede en Bangkok) una excursión que se llamaba “Eco-Trekking Aventura de 2 días en Chiang Rai” y consistía en pasar dos día visitando aldeas de las etnias  Lahu, Karen y Akha, conectándolas entre ellas con treking por impresionantes paisajes de la zona y durmiendo en una de las aldeas. Después de un rato mirando los pros y los contras decidimos hacerlo. Así que llamé a MundoNomada, me atendio  Mati, muy amablemente en español. Le dije lo que queríamos hacer y me pidió un tiempo para comprobar la disponibilidad, ya que era miércoles y lo queríamos hacer el viernes. Me mandó un email confirmándome la disponibilidad, hicimos el pago y listo, ya teníamos nuestro trekking.

        El jueves por la mañana cogimos un autobús a Chiang Rai que tardó tres horas. Localizamos el hotel Baan Malai Guesthouse, comimos algo, dimos un paseo, vimos algunos templos y terminamos con el mercado nocturno. Nos acostamos pronto que el día siguiente iba a ser intenso.

        A las 10 en punto nuestro guía Yayo, que hablaba bastante bien inglés y su ayudante Chale (ambos de la tribu Lahu) estaban con un coche en la puerta del hotel. Nos llevaron al embarcadero del rio y nos subimos en un bote largo. El trayecto a la aldea Karen duró una hora, pero no nos hubiera importado que hubiese durado otra hora mas. El trayecto rio arriba es espectacular, no solo por los paisajes, sino porque se respira una atmosfera especial, naturaleza y la vida del rio. Gente con su caña de pescar y su barquita, viviendas a la orilla del rio. Una vez allí nos ofrecieron un paseo en elefante pero no aceptamos. Nos entristece mucho que se usen los animales con fines turísticos. Este poblado está a pie de carretera así que aunque conservan sus típicas casas de bambú con el techo de paja, la sensación es que no les falta de nada. Comimos en un bar-restaurante del mismo pueblo, barato y delicioso…que mas se puede pedir!

Restaurante en Karen

Comiendo en poblado Karen

        A las 13:00 más o menos, iniciamos el trekking de dos horas hacia el poblado de la etnia Lahu que estaba en las montañas. La primera parte del camino es bastante fácil, es un paseo entre arrozales, campos de piñas y maizales. Luego la cosa se va complicando y el camino se vuelve estrecho y empinado,. Yayo iba delante con un machete apartando la vegetación. Al cabo de una media hora subiendo, se llega a lo alto de una colina con unas vistas impresionantes. El camino se vuelve más suave y empezamos a encontrarnos gente del poblado recolectando el arroz. Era increíble, nosotros casi no podíamos con nuestros cuerpos y ellos allí con una hoz haciendo hatillos de arroz que luego sacudían contra el suelo para sacarles los granos de arroz y todo eso a pleno sol. Pero el trabajo no termina ahí, luego hay que sacar el grano de su cascara.

Ada y Joseba a su ritmo

En pleno treking.

        Al cabo de las dos horas llegamos al poblado y nos llevan a lo que va a ser nuestro alojamiento durante una noche. Pensábamos  que íbamos a compartir casa con ellos, pero no, habían preparado una cabaña solo para nosotros. El guía nos contó que había ayudado a la familia a construir esa vivienda con el fin de alojar a los huéspedes, digamos que es una pequeña casa de invitados. Nuestro alojamiento era igual que sus casas, construida sobre pilotes, paredes y suelo de bambú y con techo de paja. Tenía un porchecillo y dentro una habitación diáfana en la que habían puesto unos “colchones” con mosquiteras, mucho más de lo que esperábamos.

Cabaña en el poblado Lahu donde nos alojaron

Cabaña en el poblado Lahu donde nos alojaron

         Yayo nos dejó allí para que descansáramos, más tarde vendría a recogernos para enseñarnos el pueblo. Aprovechamos para hacer repaso de lo que llevábamos de aventura y todos estábamos contentos. La experiencia estaba siendo positiva, el paseo en barco fue espectacular y el treking, aunque duro, transcurría por paisajes de ensueño. Además lo que nos esperaba en el poblado parecía bastante interesante, teníamos miedo de que fuera algo muy turístico, pero allí estábamos en una cabaña en mitad de la selva, comiéndonos unos plátanos, rodeados de cerdos, gallos, gallinas, pollos, perros y algún gato. Nosotros estábamos alucinando pero el poblado seguía su ritmo sin hacer mucho caso de los cinco guiris que acababan de llegar.

Nuestro anfitrión en el poblado Lahu.

Nuestro anfitrión en el poblado Lahu.

        Yayo nos recogió para enseñarnos el poblando, subimos un cuesta bastante empinada y llegamos a lo que nosotros llamaríamos la plaza del pueblo, allí estaban los niños jugando con una pelota, algunas madres por allí sentadas charlando…. Justo al lado estaba la escuela, bastante rudimentaria, tenía dos salas, solo pudimos ver una  en la que estaba todo por medio, mucho polvo y con muchos libros. La otra habitación era el aula pero estaba cerrada y no  pudimos verla.

        Lo cierto es que nos hubiera gustado interactuar más con los lugareños, no se si por timidez o por estar muy acostumbrados a los extranjeros se mostraban esquivos y a veces daban la sensación de cierta indiferencia.

        El guía nos dijo que nos quedáramos por allí mientras el preparaba la cena, a lo cual nos negamos, como íbamos a perdernos eso, queríamos ver como cocinaban. Los lahu dividen la casa en dos o más bien tienen dos casas, en una cocinan y en otra duermen. En medio de la cabaña que hacía de cocina había una parte que no tenía el suelo de bambú y allí encendían el fuego con troncos de bambú, vimos como preparaba una excelente sopa, con lemongrass, galangal, lima kafir, salsa de pescado y algunas verduras. Luego sacó el Wok y preparó un pollo salteado con verduras también buenísimo y para terminar hizo una tortilla francesa enorme. Nos lo llevaron todo al porche de nuestra cabaña y ahí cenamos los cinco. Nos entristeció que la familia, los dueños de la casa, no cenaran con nosotros. Yayo los excusó diciendo que ellos comen comida muy picante y que cenan más tarde.

Cocinando con los guias

Cocinando con los guias

        Después de cenar vino Yayo para contarnos un poco de la historia de las tribus del norte de Tailandia. Por lo visto, la mayoría son de origen chino o birmano y habían llegado allí huyendo sobre todo de guerras. Hasta hace diez años el gobierno tailandés no los consideraba tailandeses, les permitía estar en la selva pero no tenían documentación y no se les permitía salir de zona. Ahora aunque son libres de ir donde quieran, pocos son los que abandonan sus pueblos porque no tienen suficiente dinero para vivir en las ciudades. Yayo utiliza estos tours para dar a conocer la situación de los poblados y para que gran parte de lo que se paga por el treking vaya a parar directamente a las tribus y a sus poblados.

        Como no hay corriente eléctrica, después de cenar hay poco que hacer, así que nos fuimos a la cama temprano. No sin antes ir todos al baño ya que no nos apetecía levantarnos a media noche y tener que cruzar la selva a oscuras para llegar a la taza turca que había como ‘’cuarto de baño’’. Aun así, a lo largo de la noche mas de uno tuvo que armarse de valor y con una linternita llegar a su ansiado destino. Estaba todo oscuro y lo único que se oía era el riachuelo que pasaba por al lado y algún que otro grillo y rana croando. A mitad de la noche cayo el diluvio universal. Parecía que de un momento a otro el agua calaría por ese techo de paja…es increíble la resistencia de estas construcciones.

        A las 8:30 nos despertó Yayo con el desayuno, sandía, tostadas, mantequilla, mermelada  y huevos, un buen desayuno para la jornada de treking que nos esperaba.

Cogiendo fuerzas.

Desayunando en nuestra cabaña.

        El plan del día era caminar hasta una cascada, comer en otro poblado Lahu y visitar otro poblado más de la tribu Akha. No se que hora era cuando nos pusimos en marcha, nos despedimos de nuestros anfitriones y empezamos a andar. El treking hasta la cascada transcurría por un bosque de bambú, ya podéis imaginar la belleza del paisaje. Como había llovido por la noche, estaba todo bastante resbaladizo y tuvimos que ir más lentos. Por fin llegamos a la cascada, que después del treking nos parecieron las cataratas del Niagara. Sara y yo no lo dudamos un momento y nos bañamos. El agua estaba un poco fría pero se agradecía. Caía desde unos diez metros de altura y formaba al caer una piscina de agua cristalina, era increíble poder estar allí.

        Después nos pusimos otra vez en marcha, anduvimos unos 2 Km y llegamos al poblado de nuestros guías. Fuimos a casa de Yayo y allí nos estaban esperando su madre, una mujer encantadora de 64 años, muy delgadita y muy arrugadita. Nos prepararon una excelente sopa de noodles y arroz de acompañamiento. Luego Yayo y Chales nos fabricaron unos vasos de bambú a golpe de machete  que quedaron chulísimos.

Madre del guía y abuela de la mujer de Chalé.

Madre de Yayo.

Ayudante Yayo.

Guía Chalé.

Nuestro guia Yayo.

Nuestro guia Yayo.

Vasos de bambú.

Haciendo vasos de bambú.

Descansamos un rato y nos pusimos otra vez en marcha. Un paseo corto hasta el poblado Akha, bastante parecido al poblado Lahu, aunque se veía algo más de ’prosperidad’

Niños Akha.

Con niños en poblado Akha.

        Allí ya nos estaba esperando un coche que nos devolvería al hotel, previo paso por una plantación de te. Pensábamos que iban a enseñarnos todo el proceso que sigue el te desde que se recoge hasta que te lo bebes, pero se había hecho tarde y estaban cerrando, así que nos hicimos unas fotos entre las plantas del te y nos fuimos para el hotel. Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje durante dos días y dimos por finalizados nuestros dias de Eco-Trekking y Aventura en Chiang Rai. Estábamos agotados pero la experiencia había merecido la pena.

 

Algunos datos:

– El treking lo contratamos con la agencia Mundo Nómada. Los sigo desde hace tiempo por las redes sociales y se que hacen bien su trabajo. Además la posibilidad de comunicarte en español le da un plus. 100% recomendable.

– El guía aparte de inglés hablaba Lahu, algo que creo es fundamental, para  poder comunicarse con los lugareños y poder hacer de traductor.

– El programa que nos dieron en la agencia no se respetó, sobre todo lo del segundo día, pero no nos importó. Si queréis que os respeten lo pactado, dejarlo bien claro en la agencia, yo creo que ellos le dan cierta libertad a los guías.

Un pensamiento sobre “Treking en Chang Rai

  1. pepe

    impresionante los detalles con lo que contáis todo. tengo envidia de vosotros, seguir pasándolo muy bien . besos

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