Siargao, buscando el paraíso

        Desde que empezamos a planear Filipinas, Siargao era la eterna duda. Queríamos ir por la recomendación de Claudia en el blog Soloida que describe Siargao como el paraíso, pero estaba demasiado lejos. Está en la esquina sudeste de Filipinas y nosotros estábamos en la parte más occidental.

        Después de pensarlo mucho, decidimos ir a Siargao. La ruta fue la siguiente: vuelo a Cebú desde Palawan, taxi desde el aeropuerto al puerto de Cebú, ferry nocturno en litera de diez horas hasta Surigao y otro ferry de tres horas hasta Siargao.

Siargao (Filipinas)

Literas en ferry a Surigao

Siargao (Filipinas)

Rumbo a Siargao

        Por fin llegamos al puerto de Siargao, desayunamos algo allí mismo y cogimos una moto taxi para ir al pueblo General Luna. El taxi era una moto con un sombrajo.  El taxista ató mi mochila a un palo del sombrajo en la parte de atrás y se puso la mochila de Ada entre sus piernas. Ada iba en medio y yo detrás. El camino dura alrededor de media hora y se nos hizo eterno, sobre todo a mi que sentía que la mochila que iba atrás se caía.

        Le dijimos al taxista que no teníamos alojamiento, así que nos llevó a alguno que le pareció a él. El primero fue el que mejor está situado, justo enfrente de la playa donde se disputa una prueba del circuito mundial de surf. El precio era prohibitivo para nuestro presupuesto, aunque nos hicieron descuento no nos lo podíamos permitir. Nos llevó a otro que tenía buena pinta y era más barato, pero estaba completo. Por la carretera alguien le dijo algo y nos llevó a otro hotel. Eran unos cuantos bungalows al lado de la playa. Regateamos un poco y nos quedamos. No era gran cosa pero suficiente para nosotros.

        En el mismo hotel negociamos el alquiler de la moto para los cuatro días. Ya estábamos instalados y con vehículo. Solo nos quedaba recorrernos la isla y comprobar si Siargao era realmente el paraíso que habíamos leído.

        Cogimos la moto y después de dar una vuelta por el mercado pusimos rumbo a las piscinas naturales de  Magpupungko. Es el mar más azul y más limpio que hemos visto en todo nuestro viaje (que no es poco), unas caprichosas formaciones rocosas formaban unas pozas resguardadas del fuerte oleaje. Allí niños y mayores chapoteaban a gusto y por supuesto nos unimos a los locales. Si llegabas hasta el borde de la piscina más grande, te podías subir a un suelo rocoso donde el agua te llegaba hasta los tobillos. Fui dando un paseo por el agua hasta llegar a otra playa, pasando por formaciones rocosas y pozas más pequeñas llenas de peces. Estaba completamente solo, las grandes olas que rompían a lo lejos me hipnotizaban. Cuando sentí que la marea empezaba a subir, me volví. Solo habíamos rascado la superficie de esta isla, pero ya estábamos completamente prendados de Siargao.

Siargao (Filipinas)

Playa de Magpupungko

Siargao (Filipinas)

Piscinas naturales de Magpupungko

        De vuelta hacia el hotel paramos en el restaurante Mama Grill, cenamos estupendamente, atún a la parrilla para Ada y pechuga a la parrilla para mi, por supuesto acompañado de dos cervezas “San Miguel” bien frías.

       A la mañana siguiente, después de desayunar un café y unas galletas, decidimos perdernos un poco con la moto y darle la vuelta a la isla. Nos iba a llevar todo el día e iríamos parando en algunas playas. En cuanto salimos del pueblo y nos introdujimos en la parte más rural, quedamos impresionados, ¡qué paisaje! ¡qué palmerales! ¡qué verde más verde!. Todo el rato repetíamos lo mismo, “esto es impresionante”. De vez en cuando la carretera se acercaba a la costa y el azul intenso del mar se sumaba al paisaje. Sencillamente increíble.

Siargao (Filipinas)

Carretera que recorre la isla

Siargao (Filipinas)

Recorriendo la isla

Siargao (Filipinas)

Palmeral en la orilla

        Después de un rato disfrutando de ese paisaje, llegamos a unos manglares y desde un puente disfrutamos de las vistas, transmitían una extraña paz. Allí parados viendo como los niños intentaban pescar algo, descubrimos unas sonrisas imborrables en nuestras caras.

Siargao (Filipinas)

Manglares

Siargao (Filipinas)

Manglares

        Luego la carretera empezaba a subir y cuando llegamos a la parte más alta, descubrimos un palmeral infinito. Como las palmeras las veíamos desde lo alto, parecía un mar verdes.

Siargao (Filipinas)

Palmeral

Siargao (Filipinas)

Palmeral

       Seguimos nuestro camino hasta llegar a  un pequeño pueblo, paramos en una pastelería y compramos un bizcocho de plátano, era un poco grande, pero pensamos que nos serviría para mojarlo en el café del desayuno. Salimos del pueblo y nos desviamos por un camino para llegar a la playa. Aparcamos la moto y le dimos un pellizco al bizcocho. ¡Madre mía que cosa más rica! Que pena que la pastelería estuviese tan lejos.

        Cogimos las cosas y nos fuimos a la playa. También impresionante, como todo lo que estábamos viendo. Aunque he de decir que aunque las playas son de arena blanca y el agua es trasparente, en todas las playas en las que estuvimos había rocas. Solo había unas pequeñas zonas donde te podías dar un chapuzón.

Siargao (Filipinas)

Una de las playas

        Tras disfrutar un buen rato de la playa, proseguimos nuestra vuelta a la isla, ya habíamos llegado al pueblo más alejado y ahora solo teníamos que bajar por otra carretera que nos llevaría al puerto. El paisaje seguía siendo espectacular, pero no había playas de arena blanca, todo estaba lleno de vegetación. Fuimos parando de vez en cuando a descansar y a repostar gasolina.

        Casi sin darnos cuenta llegamos al puerto, ya estábamos a media hora de nuestro alojamiento. Salimos del puerto y a mitad de camino ¡CATACRASH!, el guardabarros delantero se había partido. Madre mía, ¿cuánto nos costaría arreglarlo?. Lo recogimos de la carretera y reanudamos el camino. Nos duchamos y nos fuimos a cenar.

        A la mañana siguiente le enseñé la moto al dueño del hotel y me dijo que tenía que ir a un taller al puerto. Para allá que nos fuimos, encontramos el taller y después de inspeccionar la moto, el mecánico me subió a su moto y fuimos a una tienda de recambios. El problema era que no tenían el original, pero me vendían otro que también valía. Llamamos al hotel para explicarles todo, pero me dijeron que mejor poner el original. En el taller nos hicieron un presupuesto. El costo de la pieza, más el costo de traerla a la isla, más la mano de obra, total 940 pesos (17€).

Siargao (Filipinas)

En el taller para arreglar el guardabarros

        Tocaba uno de los platos fuertes de Siargao, el “Island Hoping”, es decir, excursión en barco por las islas de alrededor, en total tres. Fuimos al mercado y compramos un atún de dos kilos, algunos mangos y verduras. El barquero nos estaba esperando en la playa del hotel con su hijo. Primera parada Naked Island.

        Según el diccionario una isla es: “Porción de tierra rodeada de agua por todas partes”, pues bien Naked Island es exactamente eso, una porción de arena de playa rodeada por el océano. No hay nada más, solo arena, pero ¡qué arena!. Si además a la arena blanca le añades una agua cristalina y celeste, entonces merece mucho la pena. Después de estar un rato por allí, empezó a diluviar, los barqueros nos llamaban, pero nosotros decidimos meternos en el agua dejando solo fuera la cabeza. Cuando bajó un poco la lluvia nos fuimos para la barca rumbo a la siguiente isla.

Siargao (Filipinas)

Camino de Naked Island

Siargao (Filipinas)

En la punta de Isla Naked

Siargao (Filipinas)

Isla Naked

Siargao (Filipinas)

Sobran las palabras

Siargao (Filipinas)

Agua cristalina

Siargao (Filipinas)

Baño en isla Naked

         La siguiente isla “Daku” ya era más grande, estaba habitada. Tenía una buena playa y estaba más preparada. Allí entregamos nuestro atún y las verduras para que nos prepararan la comida. Mientras estuvimos disfrutando de la playa. Cuando me estaba bañando el barquero, que estaba a unos 20 metros de la orilla, empezó a llamarme. Yo no entendía muy bien lo que quería. Ada me dijo “creo que quiere que vayas”. Así que para allá fui, me subí a la barca, y estaba llena de erizos. Mediante señas me dijo que me esperara. Empezó a partir los erizos, metió unos cuantos en un vaso de plástico, les añadió cebolla, lima y chile y me lo paso. En un momento me había preparado un exquisito ceviche de erizo. Me quedé alucinando y además estaba buenísimo. Le di las gracias y cuando me disponía a regresar a la playa, me dijo que esperara y me preparó otro para Ada.

Siargao (Filipinas)

Al rico atún

Siargao (Filipinas)

Bañandose en Daku

        Luego trajeron la comida, era una barbaridad, el atún, las verduras, arroz y más ceviche de erizo que trajo el barquero. Allí, debajo de un sombrajo, dimos buena cuenta de la comida, el atún cayó entero, aunque costó. Solo sobró algo de arroz y algo de ceviche.

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Menú completo en Isla Daku

        Después de descansar un rato en las hamacas colgantes, nos fuimos al barco para ir a la última isla “Guyam”. Aquí Ada metió literalmente la pata. El barco se rompió y se hundió hasta la ingle, la pobre se rasgó toda la pierna.

        Guyam era la típica isla de foto, muy pequeña, rodeada de arena y en el centro unas cuantas palmeras. A todos siempre nos han hecho la pregunta ¿qué te llevarías a una isla desierta?. Pues bien, cuando me hacen esa pregunta yo siempre me imagino esa isla. El problema es que había demasiada gente, nos acomodamos por donde pudimos y después de un rato le dijimos a los barqueros que nos llevasen de vuelta.

Rumbo a Isla Guyam

Siargao (Filipinas)

Isla Guyam

        El tour nos encantó, solo navegar por esas aguas cristalinas ya es una pasada. Estábamos muy contentos de haberlo hecho. El barquero y su hijo fueron muy amables y estaban siempre atentos. El detalle del ceviche de erizo fue genial. Y las islas son maravillosas Pasamos un día realmente estupendo Siempre lo recordaremos.

        Habíamos venido a Siargao a buscar el paraíso y definitivamente lo habíamos encontrado.

        A la mañana siguiente, hicimos las mochilas, volvimos a montarnos en un mototaxi para ir al puerto y después de un par de ferrys,  un autobús y otro barco llegamos a isla de Malapascua.

Gracias a Jose por el montaje del vídeo.

 

2 pensamientos sobre “Siargao, buscando el paraíso

  1. Nuria

    ¡HABÉIS ESTADO EN EL PARAÍSO!…sois muy afortunados…GRACIAS por compartirlo………Se me antoja que es el relato en el que más calificativos habéis empleado (no podía ser menos pues se trataba de describir EL PARAÍSO): el mar más azul y limpio….olas que hipnotizan….¡ésto es impresionante!….palmeral infinito….bizcocho de plátano: ¡qué cosa más rica!….mar verde….paisaje espectacular…arena blanca….agua cristalina y celeste…exquisito ceviche de erizo, buenísimo, alucinante ….ese “suficiente” para nosotros que delata a unos “viajeros a su ritmo”….el baño “entre dos aguas”. SI…SIARGAO…LA ETERNA DUDA…nos ha dejado “completamente prendados” y.. leyendo este magnífico relato… descubrimos también en nuestros rostros…. “una sonrisa”.

  2. José Martín

    Yo quiero q se me dibuje una sonrisa sobre un mar de palmeras, me conformo con el resto de ceviche de erizo, quiero meterme hasta el cuello en esas aguas turquesas y dejar q caiga la lluvia. Quiero pisar isla naked, aunque no tenga palmeras y recorrer la isla en moto aunque haya q pagar el guardabarros. Es un sueño, un paraíso y vosotros estuvisteis ahí y lo vivisteis. Y ahora lo habéis compartido. Gracias. Es bonito soñar, en bonito vivir.

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