Luang Prabang

      Luang Prabang es patrimonio de la humanidad,  por su casco antiguo de la época colonial francesa y su excepcional situación entre los rios Mekong y Nam Khan. Teníamos muchas ganas de llegar, habíamos planeado pasar cuatro o cinco días en Luang Prabang para saborearla despacio y exprimirla al máximo. Todo lo que leíamos era fantástico, la procesión de los monjes, las cascadas, pasear por sus calles coloniales, sus mercados…

       Llegamos a media tarde en bus de Phonsavan, lo primero buscar guesthouse. Ya le teníamos echado el ojo a dos. Probamos en el primero, Phonetavy Guesthouse, habitaciones por 60.000 kips (6 euros), con baño privado y agua caliente, adjudicado. Soltamos las mochilas y nos dirigimos hacia el nightmarket para dar una vuelta y buscar algo para cenar.

        Pensábamos que iba a ser como los nightmarket de Tailandia o Luang Namtha pero es un mercado de suvenirs, totalmente orientado al turismo. Infinidad de puestos vendiendo ropa, telas, imanes y un largo etcétera. Detrás de los puestos había agencias de viajes y todo tipo de restaurantes aunque predominaban los de comida occidental, todos muy bien montados y todos muy caros, claro está.

        Para los que viajamos con poco presupuesto, las opciones se reducen a dos:

          1) Los puestos de baguetes que hay al principio del mercado, habrá unos veinte locales juntos, uno a lado del otro. Prácticamente todos ofrecen lo mismo; por uno o dos dólares te comes una buena baguete y por un poquillo más la acompañas de una buena Beer Lao. También venden crepes de Nutella para los más golosos y zumos de frutas para los más sanotes.

Luang Prabang, Laos

Puesto de baguettes en el night market.

         2) En la acera de enfrente de las baguettes, hay un callejón lleno de puestos callejeros, barbacoas, sopas, noodles… pero los más famosos son los buffets, en los que por 1€-1,5€ puedes llenarte el plato con todo lo que se te antoje, luego se lo pasas a la señora y ella lo saltea todo en un wok para darle un golpe de calor.

Luang Prabang, Laos

Buffet en callejón de la muerte.

        Nosotros esa noche comimos en el callejón de los puestos, un poco de pollo a la barbacoa y allí compartimos mesa con un par de chicas de Bilbao, muy simpáticas que ya se iban de vuelta a España. Ellas se estaban comiendo un pescado a la parrilla que tenía muy buena pinta y nos confirmaron que estaba exquisito. Nos dieron varios consejos sobre Myanmar y los trekings que podríamos hacer por allí. Como buenas vascas, les encanta el monte.

        Al día siguiente, desayunamos en unos de esos puestos de baguetes. Subimos a Phu Si, que es una colina de 100 metros de altura, situada en medio del casco antiguo, salpicada con diferentes templos y coronada con una gran estupa de 25 metros. Pero el mayor atractivo que tiene Phu Si son las vistas de Luang Prabang.

       Luego continuamos dando una vuelta por el casco antiguo camino del templo Wat Xieng Thong. Pero era uno de esos días en los que estábamos un poco desganados. El paseo se convirtió en una obligación y no digamos ya entrar al templo. Decidimos parar, tomarnos un par de refrescos y pensar un poco sobre la situación. Al final, decidimos volver al hotel sin entrar en el templo y simplemente no hacer nada, os aseguro que de vez en cuando es necesario parar.

        Ya por la tarde-noche, se unieron a nosotros Belén y Johan que habían pasado un día más en Phonsavan. Compramos unas cervezas y las tomamos en las mesas que había en el gueshouse. Estuvimos charlando un buen rato hasta que se nos hizo la hora de cenar. Terminamos otra vez en el callejón de los puestos y nos aventuramos a probar el buffet, llenamos nuestros platos con todo lo que pudimos, nos los calentaron en el wok y listo. Para la mezcla de sabores tan raros que había en el plato, no estaba nada mal.

        Recuerdo que comentaba con Johan que era imposible que vendieran toda esa comida y parecía también imposible que cada día hicieran esa ingente cantidad de comida, no sería rentable. La sobremesa se extendió bañada en cerveza y cuando nos dimos cuenta solo quedábamos los de los bufetes y nosotros. Pronto íbamos a saber que hacían con toda esa comida. Muy sencillo, las meten en unos cubos con tapa, parecidos a los cubos grandes de pintura, sin ningún miramiento vuelcan las bandejas en los cubos y lo que se cae al suelo lo cogen con las manos y lo vuelven a meter. Los pescados y carnes de la parrilla los envuelven en hojas de banana y los noodels en bolsas de plástico. No dábamos crédito, a partir de esa noche pasó a llamarse el “Callejón de la Muerte”. Nos fuimos para el hotel rezando para que al día siguiente ninguna se levantara con la barriga del revés.

       Nos levantamos muy temprano (todos sanos por suerte) para ver la famosa procesión de los monjes de Luang Prabang. Entre las cinco y las seis, los monjes salen desde los diferentes templos que hay repartidos por la ciudad y van recorriendo las calles, los fieles les esperan de rodillas en unas esterillas y hacen su ofrenda en forma de comida, normalmente arroz. Es algo curioso de ver pero hay que entender que es una práctica religiosa y se debe mantener un gran respeto por estas tradiciones budistas. Corre el peligro de que se convierta en un circo para turistas donde muchos no entienden que significa la palabra respeto y ponen su cámaras a escasos centímetros de la cara de los monjes que aguantan estoicamente la situación. Incluso hay gente que te vende arroz y te prestan una alfombrilla para que puedas hacer una  ofrenda y sacar esa foto que luego enseñaras como un triunfo en las redes sociales.

Luang Prabang, Laos

Procesión de monjes en Luang Prabang

     Después nos fuimos a desayunar, Johan y yo nos comimos una fabulosa sopa de noodles  en el mercado de día y Belén y Ada desayunaron en una de las cafeterias de camino a uno de los templos mas importantes de la ciudad el Wat Xieng Thong, que data de 1560 y forma parte de un monasterio budista. Aparte del edifico principal, podemos encontrar varios santuarios (Hor) y un carruaje ceremonial para transportar los restos funerarios de la familia real laosiana.

      Continuamos nuestro paseo por la orilla del Mekong hasta llegar al bar Utopía, un sitio muy famoso entre mochileros. Tiene una terraza con hamacas que dan al río. Allí nos tumbamos un rato viendo a los niños bañándose y tomándonos un par de cervezas.

Luang Prabang, Laos

Descansando en el bar Utopia a orillas del Mekong

       Entre una cosa y otra nos dio la hora de comer, no teníamos ni idea de donde ir, por supuesto no queríamos volver a la zona superturística del NightMarket, así que empezamos a andar sin rumbo fijo, hasta que encontramos un pequeño restaurante, regentado por una familia y lleno de lugareños, ese era nuestro sitio. Casi todos los platos valían 17.000 Kips  (1,7€) y había noodles, sopas y curries. Un poco lentos porque la comida te la hacen al  momento pero bastante buena, se convirtió en nuestro restaurante favorito de Luang Prabang y volvimos varias veces.  Estábamos bastante cansados después del madrugón, así que decidimos ir al hotel a echarnos una siestecilla y así dejar que pasen las horas más calurosas.

       Belén y Johan descubrieron que en el hotel Victoria Xiengthong Palace proyectaban la película CHANG, que fue rodada en 1925. Muestra como era el día a día de una familia que vivía en la jungla. La entrada era gratuita pero tenías que consumir alguna bebida. Cuidado que cada cerveza cuesta 40.000 kips (4€). La película es muy interesante e incluso divertida, dura cerca de dos horas. De camino a ver la película, pasamos por un puesto de comida que estaba asando patos. Terminó la película y estábamos hambrientos, solo pensar en el pato se nos hacía la boca agua, pero cuando llegamos ya había cerrado. Nos nos quedó otra que ir a los puestos de baguettes para matar el hambre.

     A la mañana siguiente Johan se había levantado muy temprano y trajo chorizos a la parrilla para desayunar, me acerqué con éll al mercado y compramos pan y café, nosotros sacamos el jamón que nos habían traído Jose y Nuria y nos montamos un desayuno genial, Mientras desayunábamos decidimos que íbamos a cruzar el Mekong para dar un paseo por la otra orilla.

        Desde detrás del palacio real sale el ferry para cruzar a Ban Xieng Maen. Allí hay varias rutas para hacer en bicicleta y a pie, nosotros nos decantamos por dar un paseo a pie desde el pueblo hacia el este, a lo largo de la ribera de río, donde se pasa por algunos bosques y varios templos budistas. El paseo es muy agradable y sirve para desconectar un poco de Luang Prabang y su atmosfera turística.

Ban Xieng Maen, Luang Prabang, Laos

Ferry para pasar a la otra orilla del Mekong

     Volvimos a Luang Prabang en el ferry y fuimos a comer a nuestro restaurante favorito, luego nos fuimos al GuestHouse. Belén y Johan se iban a Vientiene  por la tarde, así que compartimos unas cervezas para despedirnos y apuntar algunos consejos sobre Camboya.

      Para cenar, de nuevo solos, no se nos escapó el pato asado que la noche anterior se nos antojo, nos los comimos en el GuestHouse con una buena BeerLao.

       Al día siguiente íbamos a pasar el día en las cataratas de Tat Kuang Si. Alquilamos una moto en el guesthouse por 100.000 Kips (10€) y tras comprar unas baguettes para llevar pusimos rumbo a las cataratas más o menos a las 7:30, queríamos llegar antes de que se llenase de turistas. El camino está más o menos bien, en su mayoría asfaltado pero con millones de baches. Al cabo de una hora más o menos llegamos a las cascadas, parking de moto 2000 kips(0,2€) y entrada 20.000 kips (2€).

      Nosotros pensábamos que era una cascada grande en la que se formaban algunas pozas para bañarse. En realidad hay numerosas cascadas que caen en estanques azules intensos y van formando terrazas hasta llegar a la impresionante catarata priincipal de unos 25 metros de altura. Prácticamente te puedes bañar en todas las cataratas, aprovechando que en todo el complejo solo nos habíamos cruzado con un turista, nos bañamos en uno de los estanques. El agua estaba fresquita pero el baño fue alucinante, en ese agua turquesa y rodeados de un entorno privilegiado. Justo cuando terminamos de bañarnos, empezaron a llegar grupos de turistas, aquello empezaba a parecerse a una romería. Nos comimos las baguetes que habíamos comprado y nos largamos.

      En el camino de  vuelta a Luang Prabang, vimos una granja con carteles de café ecológico, mermeladas y miel. Nos metimos por el camino que llevaba hasta la granja y allí un señor nos ofreció un café, aunque Ada no estaba muy convencida, terminamos aceptando. Nos enseño los granos de café que esa misma mañana había tostado, cogió un puñado, lo molió y nos preparó un delicioso expreso. Después nos invitó a conocer las instalaciones y nos enseñó su horno casero que él  mismo había construido para tostar el café. También nos enseño las plantas, las cubas donde lavaban el café antes de tostarlo….en fin, nos hizo un tour muy interesante sobre todo el proceso del café, desde que lo recogen hasta que lo tuestan. El hombre fue muy amable, le dimos las gracias, nos despedimos de él y volvimos a Luang Prabang.

    Aprovechamos que teníamos la moto para conocer la parte menos turística de Luang Prabang, donde se desarrollaba la verdadera vida de los lugareños, lejos de casas coloniales y restaurantes, fuimos a diferentes mercados para locales, fue muy interesante. Finalmente, llegamos al guesthouse algo cansados y preparamos las mochilas, esa misma noche cogíamos un bus cama hacía la capital del país, Vientiane.

       Para terminar, me gustaría decir que Luang Prabang nos decepcionó un poco, quizás teníamos unas expectativas muy altas o quizás nos habíamos formado una idea equivocada de la ciudad. Es verdad que después de estar un par de semanas recorriendo el norte de Laos, fue la primera gran ciudad que visitamos en Laos y claro una ciudad es una ciudad. Pero yo creo que el problema principal es que es demasiado turístico, todo el casco antiguo está orientado a los turistas, agencias de viajes, ,cafeterías, restaurantes, …. no parece que estés en Laos, la mayoría de la gente que te encuentras es extranjera y claro al final parece que estés en “guirilandia”.

3 pensamientos sobre “Luang Prabang

  1. Tamara

    Uff! He viajado con vosotros sin moverme de casa! Me he sentido dando botes en la moto con los baches, salivando con el pato y sintiendo ese agua fresquita de las cascadas!
    gracias por contarnos vuestra experiencia y sobretodo por contarla taaannn real! Esperando la siguiente 😉

  2. Nuria

    ¡Me encanta leeros!… es super entretenido y me transporta “allende los mares”…MUCHAS GRACIAS…noto un cambio de ritmo…que me gusta…el viaje es más contemplativo… .muy bien. el templo de las piñas verdes …una pasada …y la foto de la “lugareña” asomada a la ventana… ¡guapísssima!…la más top de todas….un abrazo..nos vemos en el siguiente post.

  3. José Martín Santiago

    Excelente artículo. Nos veíamos viajando con vosotros, buscando un sitio para comer o con la moto por esos caminos asiáticos. Las fotos excelentes. Y la narración muy amena. Seguid regalándonos narraciones como esas. Nos hacen soñar.

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