Kampot y Kep

      Kampot es conocida en toda Camboya por su pimienta y Kep por los cangrejos. Con esos carteles de presentación, no estábamos seguros de que las ciudades en si merecieran la pena.

Kampot

        Como otras tantas ciudades camboyanas, Kampot se extiende a lo largo del río Kam Chai, cerca de la desembocadura. Lo que la convirtió en el puerto más importante de Camboya una vez que el delta del Mekong pasó a manos de Vietnam.

        Llegamos desde Phom Phen en autobús y como siempre un montón de tuctuqueros estaban esperando en la parada a la caza de algún turista. Conseguimos salir de esa maraña y tiramos por la primera calle que vimos. Nos habíamos equivocado, íbamos hacía el centro pero por el camino más largo. Chino chano chino chano, encontramos un Guesthouse regentado por un francés (como no), echamos un vistazo a la habitación y no nos convenció, ni el precio ni la habitación que olía a humedad. Decidimos ir a comer, relajarnos un poco y luego más tranquilamente buscar alojamiento.

        Comimos en un restaurante que había en la Rotonda del Durían, sí, es lo que pensáis, una rotonda con un durian gigante, por lo visto, además de pimienta, Kampot es un gran productor de la pestosa fruta durian. Después de comer, cogimos la avenida que baja para el centro. Detrás de una gasolinera vimos un guesthouse, preguntamos, la habitación era espaciosa y limpia, nos gustó enseguida y por unos 7 euros nos la quedamos.

       Soltamos las cosas y nos fuimos a recorrer el pueblo, oye, este pueblo es muy bonito, muchas casas coloniales de la época francesa, muy tranquilo, poco tráfico, un bonito paseo junto a rio. Enseguida nos dimos cuenta que Kampot era un remanso de paz. Paseando, paseando y buscando la bonita casa del antiguo gobernador francés, que no encontramos, se nos hizo tarde y buscamos un sitio en el paseo para ver la puesta de sol mientras veíamos pasar pequeños barquitos de pesca que salían a faenar. Madre mia, qué paz y qué tranquilidad, no parecía que estuviéramos en Camboya.

        Había llegado la hora de la cerveza, así que buscamos una terraza y nos bebimos dos merecidas cervezas cada uno. Y claro, la cerveza da hambre, así que nos dirigimos al mercado nocturno, que es el mejor sitio para encontrar la comida local a precios populares. Pero estábamos un poco cansados de comer noodles y arroz frito, así que decidimos que esa noche nos íbamos a marcar un pequeño lujo. Encontramos un moderno restaurante en el centro, con cerveza barata, Ada se pidió una superhamburguesa y yo una lasaña. A día de hoy no recuerdo si estaba buena o no, pero estábamos encantados con comer algo distinto. Os puedo asegurar que a veces y solo a veces apetece salirse del guion y comer algo de “West Food”, como la llaman ellos. Tenéis que pensar que todos los días tenemos que decidir dónde y qué desayunar, comer, cenar….y eso, aunque se convierte en rutina y muchas veces lo haces de forma automática, termina cansando.

        A la mañana siguiente, fuimos a la oficina de turismo para que nos explicaran que hacer por la zona. Había un Parque Nacional de Bohok ubicado en la montaña homónima. Allí mismo alquilaban motos, ya teníamos plan. Cogimos nuestra moto, cruzamos el río Kam Chai y enfilamos la carretera de subida hacia el parque. La primera parada fue un templo con un gran buda sentado.

Kampot-Camboya

Buda gigante

Seguimos subiendo y llegamos a unas cataratas, como era temporada seca no tenían mucha agua pero estaban bien.

Kampot-Camboya

Cataratas del parque

Luego llegamos a un templo chino justo al lado de un casino abandonado, con una pasarela que unía los dos edificios, supongo que los chinos iban al templo a rezar para que les diera buena suerte y de allí directos al casino.

Kampot-Camboya

Templo china

Desde ahí llegamos a un lago con una presa y con unos hidropedales en forma de cisne para disfrute de los más pequeños, nosotros no los cogimos.

Kampot-Camboya

Hidropedales en el pantano

        Terminamos nuestra ruta visitando unas ruinas de una iglesia cristiana, fiel testigo del pasado colonial francés.

Kampot-Camboya

Iglesia en parque natural

Por último llegamos a la cima de la montaña con unas vistas espectaculares dese la que se podía divisar el golfo de Tailandia

Kampot-Camboya

Vistas desde la cima del parque natural.

        Volvimos a Kampot y comimos en un pequeño restaurante de noodles. Te acercabas al puesto que había en el exterior, elegías el tipo de noodle, anchos, finos, amarillos…. y escogías los ingredientes, ternera, pollo, verduras y te lo salteaban en un wok. Estaban exquisitos y muy baratos.

        Con el estómago lleno tocaba acercarse a una de las granjas de la famosa pimienta de Kammpot, Antes de ponernos en ruta, nos acercamos a una pastelería del pueblo y compramos un pastel de plátano para mi y otro de canela y manzana para Ada. Luego hicimos una parada en el camino y mientras veíamos a los campesinos recogiendo el arroz dimos cuenta de esos excelentes pasteles.

Kampot-Camboya

Campesinos recogiendo el arroz en Kampot

        La granja está muy bien organizada, según llegas te asignan un guía que te explica todo el proceso, te enseña las plantaciones y te cuenta algo de historia. Por lo visto la pimienta de Kampot despareció con el régimen de los Jemeres Rojos a los que solo les interesaba cultivar arroz. Ahora un matrimonia belga ha invertido en la zona para recuperarla y por lo que nos dijeron les iba bastante bien. Luego te pasan a una sala y te sientan en una mesa donde te dan a probar todos los tipos de pimienta, la negra, la blanca, la roja y la verde. Unas muy picantes y otras menos picantes y más aromáticas. De ahí te pasan a la tienda para que compres algo de pimienta, les explicamos que por nuestro viaje no nos podíamos llevar, así que le dejamos una buena propina en su hucha y nos fuimos.

Kampot-Camboya

Plantas de la pimienta

Kampot-Camboya

La pimienta en el árbol

Kampot-Camboya

Plantación de pimienta

Queríamos haber ido a unas cuevas muy famosas, pero se estaba haciendo tarde y nos iba a pillar la noche. Conducir la moto por esos camino de tierra de noche no nos pareció una buena idea. Así que cenamos algo en un puesto y nos fuimos a dormir, el día había sido muy largo y estábamos reventados.

Keb

        Aprovechando que hasta las nueve o diez no teníamos que devolver la moto, nos levantamos a las seis de la mañana para ir al mercado de cangrejos de Keb. Despertamos al hombre que estaba durmiendo en el suelo de la recepción, amablemente nos sacó nuestra moto y con los ojos todavía pegados pusimos rumbo a Keb.

        Llegamos al mercado tras una hora y el panorama era desolador, no había nadie, solo una familia con un cubo lleno de cangrejos que los estaba separando por tamaño. Estuvimos dando una vuelta por el muelle, a cada pisada nuestra, salían disparados un motón de bichillos, parecían cucarachas y Ada las bautizó como cucarachas de mar, no era desagradable, era curioso.

        La cosa se fue animando y empezaron a llegar algunos barcos, las mujeres saltaban al mar con una cesta y con el agua por la cintura ayudaban a los pescadores a volcar el saco en la cesta. Los llevaban al muelle y entre unos cuantos los iban separando por tamaños. Hicimos unas cuantas fotos, nos tomamos un café y volvimmos a Kampot a devolver la moto.

        No esperábamos el mercado de Tokio, pero el famoso mercado de cangrejos de Kep deja mucho que desear. Igual en otras épocas del año tiene más actividad, pero cuando fuimos nosotros apenas había puestos abiertos.

3 pensamientos sobre “Kampot y Kep

  1. Nuria

    …..ha merecido la pena la espera….como siempre…leeros es emocionante….A mi tampoco me ha gustado la room del frances….es verdad…olia a humedad….Merecidisimo este pequeño lujo de west food…..y la puesta de sol con los barquitos….¡que paz!…La simbiosis del templo y el casimo….la buena propina en la hucha de la plantación de pimienta …seguís” a vuestro ritmo”…pero también “a vuestro estilo”….y como colofón…este fotón…”mujer en Kep”…¡preciosa!…bueno…no quiero inquietaros…pero creo que no soy la única que esperaré con “ansia viva” el próximo relato…entretanto…¡que siga la aventura!…un abrazo.

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