Jodhpur, la ciudad azul

       Después de la experiencia de Bikaner, estábamos deseando llegar a Jodhpur.  Y desde el primer momento no nos defraudó, desde el tren ya se divisa en lo alto de una colina el fuerte y lo de que las casas estén pintadas de azul, como en Chauen (Marruecos) tiene su encanto. Por lo visto, el azul es el color de los brahamanes, la casta superior (queda pendiente un artículo sobre el sistema de castas), y solo ellos pintaban las casas de azul, más tarde los vecinos imitando a los brahamanes, también pintaron las casa de azul. La ciudad está un poco masificada pero ¿cuál no lo está en la India?.

     Llegamos a Jodhpur en tren, clase sleeper, a las 19:00. Nada más bajarnos del tren, ya había un chico preguntándonos si queríamos un tuctuc. Le dijimos que no, ya que nuestra intención era salir de la estación y luego buscar transporte. Bueno, pues le dio igual que le dijésemos “NO tuctuc, NO tuctuc”, se empeñó en acompañarnos hasta la salida. Al final nos vino hasta bien porque los demás tuctuqueros nos dejaron tranquilos. Negociamos con él y nos llevó al hotel, que por cierto no estaba nada cerca de la estación de tren.

        El hotel se llamaba “The Marwar Hotel and Garden”, y como todos nuestros alojamientos hasta ahora, lo habíamos reservado la noche anterior en Tripadvisor. Tenía una rebaja del 50% y estaba genial!! Habitación grande, con aire acondicionado, baño enorme con bañera y la ducha funcionaba (dato importante), hervidor de agua, té, café, etc y con desayuno incluido…Todo un lujo comparado con Bikaner.

       Entre que hicimos el Check-In, lavamos algo de ropa a mano, pusimos a cargar ordenadores, cámaras, móviles, etc, se nos hizo tarde, así que nos fuimos a cenar a algún sitio cerca del hotel, Ada, como siempre, encontró uno que estaba  a diez minutos andando y como siempre acertó “Rasraj Restaurant”, pedimos Fry Papad, Chhola Bhatura, Noddles con verduras y ensalada Kachumer en total 595 Rp (8€). Todo riquísimo.

    Al día siguiente, nos fuimos directos hacia la fortaleza de Jodhpur, el fuerte Mehrangarh,, así reza la introducción de la propia página del fuerte www.mehrangarh.org/ :

“Mehrangarh Fort se encuentra sobre un esplendoroso acantilado de cien pies de altura, cuatrocientos pies por encima de la línea del cielo de Jodhpur. Bruñido en piedra arenisca roja, imponente, invencible y, sin embargo, con una extraña e inquietante belleza que te llama. Se ha escrito mucho acerca de la Ciudadela del Sol, porque es uno de los más impresionantes fuertes de todo el Rajastán. Tan colosales son sus proporciones que Rudyard Kipling llamó “la obra de gigantes”. Hoy en día, se reconoce como una de la fortaleza mejor conservada en la India”

    Todo lo que pueda decir del fuerte es poco, es impresionante, las dimensiones son exageradas y tiene miles de detalles escondidos entre sus patios y salas, creo que mejor lo veáis vosotros mismos:

        Pensábamos que para bajar a la ciudad de nuevo, teníamos que volver a coger un tuctuc. Pero un señor muy amable nos indicó que había unas escaleras que llevaban al casco antiguo donde estaba la torre del reloj y también el mercado. Así que nos dimos un paseíto y aparecimos casi sin darnos cuenta en el centro de la ciudad.

         Estuvimos dando un paseo por el mercado, hasta que nos entró el hambre y decidimos buscar un sitio que habíamos leído que hacían las mejores samosas de toda la India, “Janta Sweets”. Estaba un poco lejos, pero fuimos paseando y así veíamos un poco más de Jodhpur. Al final lo encontramos y estuvo bastante bien. Era mitad pastelería, mitad samosas. Un cliente que sabía un poco de inglés nos explicó de que era cada samosa, elegimos una cada uno para probar diferentes sabores y allí mismo nos las comimos. Mientras disfrutábamos de nuestras deliciosas samosas, había un señor friendo unos dulces que hacia a mano. Tenia tanto arte haciendo sus “rosquillas” que me tuve que comprar unas cuantas. Las venden al peso. Estaban exquisitos.

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Vendedores de samosas

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       Estuvimos un rato pensando qué hacer y mirando la guía, descubrimos que que había una oficina de turismo. Cogimos un tuctuc y en cinco minutos estábamos allí. Nos dieron un mapa con todos los puntos de interés de Jodhpur. Luego pedimos información sobre los autobuses a Udaipur, nuestro próximo destino. El señor muy amablemente nos informó de todas las posibilidades hasta que nos decidimos por uno “ese, ese, el de las 16:00h con aire acondicionado”. Nos explicó como llegar a la estación de autobuses para reservar y comprar los billetes. Mirando el mapa, a Ada se le ocurrió que podríamos ir a los jardines “Mandore Garden” y nos dijeron que un poco más arriba de la estación de autobuses paraba el bus de la línea 1 que nos llevaba hasta la puerta.

     Así que cogimos nuestro mapa y nos fuimos andando hasta la estación de autobuses, que era un poco caos. A cada uno que le preguntábamos nos indicaba una cosa, hasta que dos chicos (unos 15 años)  muy amables nos dijeron que nos acompañaban hasta la ventanilla. Nos fuimos con ellos y en un minuto estábamos delante de la taquilla correspondiente. Nos despedimos de los chicos dándoles las gracias y compramos nuestros billetes para el día siguiente. Salimos de la estación y cogimos nuestro autobús de línea número 1, que estaba  entre un minibus y una furgoneta. Hay dos trabajadores, el chofer, que conduce y el que cobrador, que además de cobrar el ticket, va ordenando a la gente en los asientos para aprovechar al máximo el espacio y lleva medio cuerpo fuera del “autobus” gritando a la gente de la calle el destino de la ruta para que se suban. Un espectáculo de persona en sí misma. Nos costó 15Rp/persona (0.20€).

      El parque “Mandore Garden” fue todo un descubrimiento. Realmente fuimos a ver si se estaba más fresquito…el calor es agotador. Pero fue fantástico, nos sentamos en un banco a la sombra a observar los monos que había por allí, y cuando dejamos de sudar y bajó un poco el sol, nos fuimos a ver unas ruinas tipo Angkor Wat bastante bonitas. Luego volvimos a coger nuestro autobús número 1 y después un tuctuc y llegamos al hotel.

    Después de descansar un rato, nos fuimos a cenar a un sitio que vimos la noche anterior muy cerca del hotel. Pedimos unos rollitos y noodels y vuelta al hotel a descansar que al día siguiente salíamos hacia Udaipur.

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