Dawei

        Hasta hace un par de años el sur de Myanmar estaba cerrado para los turistas, a Dawei solo se podía acceder por avión o barco y era poco atractivo para viajeros independientes. Por suerte, hoy día se puede ir en bus.

        Llegamos a Dawei sobre las 3 de la noche. Pensábamos que pasaríamos la noche entera en el autobús y llegaríamos por la mañana y no de madrugada, por lo que no teníamos alojamiento para esa noche. Aún así nos dirigimos al hotel. En recepción había tres hombres durmiendo, uno en una cama, otro en un sofá y otro en el suelo. Uno de ellos nos abrió con los ojos pegados y con cara de no entender que hacíamos allí. Le dijimos que habíamos reservado por internet, pero claro, para el día siguiente. Después de mirar el ordenador varias veces y consultar algunos libros, nos dijo que esperamos allí hasta por la mañana.

        Después de un rato leyendo y mirando internet, nos entró sueño. Yo me tumbé en un sofá y Ada en otro. Una pequeña siesta interrumpida por los huéspedes del hotel que ya empezaban su día. Por vergüenza nos levantamos y preguntamos por nuestra habitación. Por lo visto la reserva no se había confirmado por internet, así que hicimos una nueva y listo. Para nuestra sorpresa esa misma mañana nos dieron el desayuno.

        Salimos a recorrer el pueblo, nos gustó enseguida, estaba lleno de casonas antiguas y se respiraba tranquilidad, propia de las ciudades que todavía no están viciadas por el turismo. Íbamos paseando y soñando con comprar una de esas casas, a cada cual nos parecía mejor, y montar un hostal con precios más asequibles, todo nos encajaba, el pueblo nos gustaba y cerca había varias playas. Parecía ideal.

        Localizamos un sitio de alquiler de motos, aunque estaba algo lejos de nuestro hotel. Pedimos en recepción si nos podían hacer las gestiones, se limitaron a llamar y pasarme el teléfono, me atendió una chica muy amable y medio entendí que me iba a traer la moto al hotel. Esperamos en la puerta y al cabo de unos minutos apareció la chica en su moto para recogerme y llevarme a su tienda. Allí hicimos los papeles, me informó un poco de las playas que había alrededor y volví a recoger a Ada.

        Nuestra primera playa fue la Maungmagan Beach, era la que estaba más cerca y es donde van los locales a pasar el día, está llena de chiringuitos y las familias van a comer pescado y marisco y a beber abundante cerveza. Después de dar un paseo por la playa, decidimos darnos un homenaje y pedimos un pescado entero, acompañado por verduras salteadas, almejas fritas y por supuesto arroz, de beber un par de cervezas, todo buenísimo. Después hubiese pegado imitar a los lugareños y tumbarse debajo de algún árbol a pegarnos una buena siesta, pero nos comportamos y aprovechamos el día y nos fuimos a ver más playas.

        A la siguiente playa, Shine Thar Yar Beach, llegamos por un camino de tierra. La playa estaba desierta, nos dimos una vuelta y descubrimos varias medusas muertas en la arena, eran inmensas, les hicimos unas fotos y pensamos que no era un buen lugar para bañarse. Cuando nos íbamos, detrás de unas dunas, había un pequeño pueblo con cuatro o cinco casas de paja, recuerdo que pensamos que vida más ideal, esa gente no sabía la suerte que tenían, los europeos pagarían fortunas por vivir junto al mar. Creo que en pocos años esa gente se verá rodeada de hoteles.

        Volvimos a Dawei, ya estaba anocheciendo, no teníamos mucha hambre, aún así me di una vuelta con la moto a ver si encontraba algo apetecible, pero no hubo suerte, así que a dormir, por la mañana nos esperaban otras playas.

        La playa más famosas era la Grandfather Beach, el único problema es que estaba a dos horas en moto. Estuvimos pensando si ir o no ir, al final decidimos ir, teníamos todo el día y quien sabe si algún día volveríamos a Dawei, aunque nuestro corazón nos decía que sí. ¡¡¡¡Ojala!!!.

        Después de desayunar pusimos rumbo a la playa Grandfather. Tardamos alrededor de dos horas, pero el camino no se hizo pesado, una carretera estrecha, llena de vegetación y pasando por pequeños pueblos, todos los niños que nos veían pasar nos saludaban con su  mingalaba’ y nosotros les contestábamos igual y les decíamos adiós con la mano. De vez en cuando íbamos parando a descansar y a hacer algunas fotos.

        De repente llegamos a lo alto de un acantilado y detrás de una curva nos encontramos con la inmensidad del océano y en una pequeña bahía un pequeños puerto, con una playa y detrás un pueblecito de pescadores, la imagen era de postal, aunque la playa estaba algo descuidada. Bajamos hasta el pueblo, pero el móvil nos decía que esa no era la playa, así que seguimos la carretera atravesando el pueblo hasta que encontramos un desvío hacia nuestra playa.

        El acceso era complicado, un caminillo de tierra lleno de cuestas y socavones, después de un rato luchando con la moto, llegamos a un llano, allí había pequeño puestecillo. Compramos algunas cosas para comer, huevos duros, galletas…Preguntamos por la playa y nos señalaron el camino. Aparcamos la moto y detrás de unos arboles allí estaba, blanca, inmensa y solitaria. Era una sensación rara, totalmente virgen y espectacular, estábamos acostumbrados a ver esas playas pero con decenas de hoteles rodeando la playa, allí no había nada. Detrás solo había unas pequeñas montañas totalmente verdes y selváticas que  parecían vigilar la paz de la playa. ¿Cuánto duraría aquella estampa? Espero que mucho pero algo me dice que en pocos años aquello será como Tailandia.

        Extendimos nuestras toallas y nos dispusimos a pasar nuestro particular día de playa, no había medusas a la vista así que nos bañamos, el agua estaba cristalina y buenísima. Al cabo de un rato nos empezó a picar todo el cuerpo, era como si nos estuvieran clavando pequeños alfileres, a los pocos segundos el picor desaparecía pero nuevos alfileres se nos volvían a clavar. No era un dolor insoportable pero tampoco era agradable. Un mes más tarde nos enteraríamos en Malasia que eran huevas de medusa. Aún así nos bañamos unas cuentas veces más.

        Luego cogimos la moto y la metimos en la playa, queríamos tener esa sensación de sentir el mar montados en nuestra moto por esa orilla. La playa no parecía tener fin, llegamos aproximadamente hasta la  mitad, donde un río nos cortaba el paso. Paramos la moto, nos sentamos en la arena y en silencio disfrutamos de ese paraíso. Todavía a día de hoy se me ponen los pelos de punta solo de recordarlo.

        No muy tarde decidimos volver, el camino era largo y se nos iba a hacer de noche. Primero paramos en el pueblo que hay cerca de la playa.

         Casi sin parar y algo más rápido que a la ida llegamos a Dawei. Nos fuimos directos al Night Market a cenar. Dimos una vuelta por los pocos puestos que había, hasta que un hombre nos habló en inglés, vendía pizza y patatas fritas. El hombre nos cayó bien enseguida y decidimos sentarnos en su puesto, una pizza a compartir y una ración de papas. El hombre se esmeró en enseñarnos algunas palabras en birmano y nos reímos bastante, ese idioma es un trabalenguas. No voy a decir que haya sido la mejor pizza de mi vida pero la cena fue muy amena.

        Dejé a Ada en el hotel y fui a devolver la moto, me atendió directamente el dueño, luego amablemente se ofreció a llevarme al hotel. Una buena ducha y caímos rendidos, al ´día siguiente cambiábamos de ciudad,  Myeik era nuestro destino, siempre buscando el sur camino de la frontera con Tailandia. Todavía no lo sabíamos pero nos íbamos a arrepentir de aquella decisión.

 

Myeik

 

        Siguiendo hacia el sur está la ciudad Myeik, famosa por su puerto. Habíamos leído que desde Myeik podíamos coger un barco para ir a la ciudad fronteriza de Kawthoung, nos parecía una buena idea de conocer el sur de Myanmar desde otro punto de vista.

        Tardamos unas seis horas en llegar a Myeik desde Dawei, después de acomodarnos nos fuimos directos al puerto para ver cuando salía el barco, nuestro gozo en un pozo, ese barco ya no existía. Por lo visto, como ya existe carretera hasta Kawthoung y está abierta para los turistas, el barco ya no tenía mucho sentido así que lo suprimieron. Fue en ese momento cuando nos arrepentimos de haber dejado Dawei. Allí nos enteramos de que desde Dawei hay un bus directo hasta Bangkok.

        Aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad, era bastante caótica y algo sucia, propio de las ciudades con puertos mercantiles. Aún así fuimos al mercado a tomarnos un te y allí entablamos conversación con un señor que nos estuvo preguntando cosas de España. Aprovechamos también para saber más sobre la ciudad, los habitantes de Myeik eran musulmanes y nos estuvo explicando algunas cosas sobre las mezquitas.

        Dimos una vuelta por el barrio donde estaban la mayoría de mezquitas, entré en alguna, a Ada no le dejaban entrar. En una de ellas un amable señor me hizo un tour por el templo, y me llevó hasta lo alto de un minarete, bastante interesante.

        Luego fuimos a comer al restaurante “”Restuaurant No.1”, lleno de gente local, todo el mundo nos miraba, comimos muy muy bien y muy muy barato y abundante.

        Al día siguiente poníamos rumbo a la Kawthoung para cruzar la frontera hacia Tailandia.

 

Kawthoung

 

        Cogimos un bus bastante incomodo para ir a Kawthoung, la carretera estaba en obras y el viaje fue bastante accidentado. Casi todo el camino transcurría entre plantaciones de palmeras. Myanamar es uno de las mayores productores de la polémica aceite de palma.

        Llegamos por la mañana temprano, desayunamos en un bar y allí contratamos un “taxi” para ir al puerto. Nos dejó en el puesto fronterizo, nos sellaron el pasaporte y negociamos un bote para cruzar a Tailandia.

        El puerto tenía mucha actividad, todos los productos son  más baratos en Myanmar y mucha gente cruzaba la frontera para hacer sus compras, sobre todo tabaco y alcohol. El dueño de nuestro propio bote escondió varios cartones de tabaco entre los salvavidas.

        Una vez montados en el bote pusimos rumbo a Ranong, la ciudad fronteriza de Tailandia. El bote paró en un par de controles hasta que nos dejó en Tailandia, pasamos el control tailandés y entramos en Tailandia. Nuestra aventura por Myanamar había terminado.

Un pensamiento sobre “Dawei

  1. José Martín Santiago

    Yo quiero ir a esa playa… ¡Qué magnífico relato!, me esperaban para desayunar, pero no he podido dejar de leer hasta terminarlo.

    No dejéis de escribir estos relatos, ni de soñar… nunca se sabe.

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